lunes, 2 de mayo de 2011

Una (Cruda, Triste y Verdadera) Historia Guatemalteca

Un día de tantos, justo en la semana que el calor de verano se hace mas fuerte, el vigoroso campesino de pronto se ve sorprendido por que la venta de la cosecha del día no es lo suficiente como para darle de comer a sus 4 hijos (2 hermosas nenas y 2 traviesos varones) quienes dependen solo de él (ya que su madre falleció hace un par de años atrás); cansado y sudoroso al llegar a su humilde casa lo reciben descalzos los alegres infantes, al final del saludo, su hijo mayor (que aún no cumple los 13) pregunta con voz tímida: “Papi… y que vamos a comer hoy?”, el campesino se ve quebrado por la pregunta, aunque en realidad lo que lo perturba es la respuesta… sin aclarar la duda del niño, da la vuelta ocultando el rostro, mientras deja sobre la mesa su viejo y filoso machete, el tecomate ya sin agua que beber y unos cuantos costales semi-vacíos; el hijo mayor, no conforme con la extraña actitud del padre, deja pasar un par de minutos, y sigilosamente lo sigue a la cocina, lo encuentran al lado de la estufa de leña que humea, lo ve de rodillas, con las manos en la cara, llorando silenciosamente.


Al ver esto, el niño (que no es tonto) descubre la respuesta a su pregunta, con el ingenio que solo ellos poseen… corre rápidamente al otro extremo de la casa, se cruza al hombro un morral viejo que encuentra tirado en el suelo y se apresura al patio de enfrente; al escuchar el golpe de sus pequeños pies sobre la tierra que sirve de piso de aquella humilde casa, el padre, limpiándose las lágrimas sale por la ventana de la cocina, al no ver al niño en el amplio patío que adorna la humilde morada, el padre grita “Mijooo… donde estas?”, -“Aquí!”- grita en niño, subido en el árbol junto a la pila del patio, “Y que haces ahí arriba?” –le grita curioso el agricultor-, “Estoy cortando Guayabas para irlas a vender al mercado!”; el padre, sorprendido por el ingenio del niño, no sabía si llorar o reír por el noble gesto… ese día, -cuenta el orgulloso campesino- al regresar del mercado, el morral aquel que llevaba frutas del patio, regresó quizás no lleno, pero si con lo suficiente para alimentar a los 5 integrantes de aquella sencilla familia, gracias al ingenio de aquel niño que en mas de una ocasión a sabido echarle el hombre a su padre cuando menos se lo espera, ese día pudieron jugar con el estómago lleno, mientras que mas tarde, en sus oraciones antes de dormir, el padre de aquellos niños le pedía a Dios que el día de mañana fuera mejor…

2 comentarios:

MARILIN LUNA dijo...

Sin comentarios. solo lágrimas xq sé de quienes stas hablando....... =0(

CESAR ARNOLDO dijo...

Muy buena historia